Patricia Gracia

Patricia Gracia

Hace ya mucho tiempo que entró en mí el gusanillo del voluntariado…nunca me puse una fecha límite para hacerlo, lo que tenía claro es que en algún momento lo iba a hacer.

Comencé mi búsqueda, y conforme más buscaba menos sabía lo que quería. ¿En qué proyecto participar? ¿qué país elegir? ¿encajaré en una sociedad diferente a la mía? ¿estoy realmente preparada? Y, hablemos sin tapujos… ¿cuánto dinero voy a necesitar para ello? En fin, que el inicio de esta aventura fue un tanto enrevesado…

Casi casi, cuando ya me daba por vencida y como si fuera una especie de señal del destino, una conocida de mi amiga Joana le envió la charla informativa sobre voluntariado que organizaba Huauquipura, así que, junto con mi compañera de aventura y amiga Joana allí que nos fuimos… Conforme la charla pasaba Joana y yo nos miramos, y no hizo falta decir nada más ¡Ecuador, allá vamos!

De todos los proyectos que “huauqui” nos presentó hubo uno especial que centró toda mi atención: Centro de tiempo libre y guardería “el limonero” en la Federación de Mujeres de Sucumbíos (FMS), Ecuador, y sí, ese fue mi destino. Ahora, con el paso de los meses tengo la sensación de que fue el proyecto de la Federación de mujeres quién me eligió a mí y no al revés…

Desde el minuto cero Huauquipura nos apoyó, guió y acompañó, haciendo que me sintiera preparada para ello y comprometida con mi decisión.

Emprendimos el largo viaje con la maleta cargada de ilusión, nervios y mucha mucha incertidumbre. Y como aquel que dice, nada más pisar suelo ecuatoriano, allí estaban las chicas de la Fede para darnos una calurosa bienvenida, ahora sí ¡ya estábamos allí!

Nuestra labor fue apoyar en las labores de la Guardería, donde acudían un grupo de pequeños de varias edades quienes nos recibieron con los ojos bien abiertos, miles de preguntas de curiosidad acerca de quiénes éramos, de dónde veníamos, y exactamente qué es lo que íbamos a hacer allí. Día tras día fuimos creando un vínculo muy especial con las niñas y niños, un vínculo que sigue dentro de mí y que creo que se quedará durante mucho mucho tiempo.

Es curioso como estando tan lejos de casa te sientes tan acogida, y eso no lo habríamos sentido sin los cuidados de Nora y Bryan, un matrimonio que trabaja en la federación, quienes nos han guiado, ayudado, atendido, escuchado y divertido tanto como si fuéramos parte de su propia familia. Siempre os llevaremos en nuestros corazones.

La labor de la FMS es muy amplia, se compone de mujeres comprometidas y valientes que luchan por una sociedad más justa y equitativa, luchan contra las injusticias, crean redes de apoyo para aquellas valientes que eligen emprender su propia actividad económica, y transmiten una gran fuerza, valor y empoderamiento que yo jamás había sentido en nadie.

Mi experiencia como voluntaria en Ecuador fue una experiencia increíble de aprendizaje y de agradecimiento con una dosis de cruda realidad, conocer a esas valientes mujeres, escuchar sus historias de vida, mirar a los ojos de sus pequeños y pequeñas, hicieron que volviera de Ecuador con los “pies en la tierra”. Mi viaje supuso un reto personal, una necesidad, una llamada, y si tú estás leyendo esto porque te pica el gusanillo, no lo dudes, ¡hazlo! Estoy segura de que no te vas a arrepentir.

 

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