Empoderamiento de las mujeres y producción sostenible para acabar con la desnutrición

El 25 de septiembre de 2015 los principales líderes mundiales acordaron un conjunto de medidas dirigidas a acabar con la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad de todas las personas dibujando la hoja de ruta y un itinerario común para garantizar un desarrollo sostenible.

Para ello se definieron 17 objetivos globales, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con medidas específicas y que implican acciones de parte de los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y la ciudadanía.

Uno de los primeros objetivos que se definieron  fue el Objetivo 2. Hambre cero. En el 2015, tras años de descenso en los datos de población mundial subalimentada, se comenzó a observar un cambio en la tendencia de años anteriores, confirmando un incremento en la población subalimentada a nivel global. En el informe 2020 de la FAO (http://www.fao.org/3/ca9699es/CA9699ES.pdf) se registra que durante el 2019, 690 millones de personas, es decir, el 8,9% de la población mundial, estaban subalimentadas.

En la actualidad, y considerando los datos analizados desde el 2015, se confirma una tendencia de población subalimentada ascendente y se estima que, de mantener esta progresión, el número de personas afectadas por el hambre superará los 840 millones para 2030.

En este contexto hay que considerar no sólo el garantizar el acceso de todas las personas a alimentos sino que éstos sean nutritivos y saludables. La inseguridad alimentaria de millones de personas en el mundo es causa, en muchas ocasiones, de la falta de acceso a una dieta sana y equilibrada derivando en múltiples problemas de salud. Las dietas saludables incluyen productos que en muchos territorios no pueden ser incorporados a la dieta diaria de la población por cuestiones económicas, ya que resultan muy costosos, o bien porque no son fácilmente accesibles ya que su producción se ve fuertemente afectada por aspectos relacionados con las consecuencias del cambio climático, como sequías o inundaciones.

Es fundamental analizar de manera más global el sistema alimentario para que puedan diseñarse dietas saludables y modelos productivos adaptados a las distintas poblaciones en sus respectivos territorios. Por ello, resulta imprescindible el apoyo a la producción local de alimentos como una de las estrategias para garantizar la seguridad alimentaria de la población. Así, la consecución de las metas definidas en el Objetivo 2. Hambre cero, parecen directamente relacionadas con los retos establecidos en el Objetivo 12. Producción y consumo responsables, poniendo de manifiesto la relevancia de las sinergias entre los distintos ODS y la necesidad de la elaboración de estrategias y mecanismos desde una perspectiva más amplia para el logro de los mismos.

El desarrollo económico y social ha generado importantes daños en el medio natural, lo cual ha contribuido a agravar la situación de las poblaciones más vulnerables del planeta.

La adopción de otros modelos de producción y consumo más sostenibles que dinamicen las economías locales y promuevan un mejor y más eficiente uso de los recursos naturales aparece como un mecanismo imprescindible para la erradicación de la pobreza y el hambre. Fomentar la producción local de productos nutritivos supone un impacto positivo directo en la salud de la población además de impulsar la economía local y contribuir a la soberanía alimentaria de los pueblos.

Los proyectos de Huauquipura en Senegal actualmente en estado de ejecución pretenden contribuir en estos términos a la consecución de los ODS 2 y 12, ya que las estimaciones para el continente africano prevén que para el 2030 será la región con mayor número de personas subalimentadas en el mundo.

Estos proyectos persiguen favorecer la soberanía alimentaria de la población en el departamento de Podor mediante la promoción de la producción local en huertos y gallineros gestionados por grupos de mujeres. Gracias al trabajo de los grupos de mujeres la dieta de las familias se enriquece y diversifica, no solo por una mayor disponibilidad de recursos, sino por la introducción de alimentos nuevos y más nutritivos, favoreciendo así la lucha contra los diversos problemas asociados a la malnutrición y contribuyendo a la mejora de la salud general de la población. Además, se trabaja en la capacitación de las mujeres, no solo a nivel técnico para mejorar el rendimiento productivo de huertos y gallineros, sino también a nivel asociativo, fortaleciendo organizacionalmente los grupos de mujeres, y en materia de salud, con el objetivo de promover su autonomía e independencia y motivar su empoderamiento,  garantizando así la sostenibilidad de los resultados planificados.

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