Jorge Bayarte

Jorge Bayarte

¡Buenas! Soy Jorge Bayarte, tengo 21 años y este verano he tenido la oportunidad de realizar un voluntariado en el CEENCAR (Centro de Educación Especial Nuestra Señora del Carmen), una pequeña escuela de educación especial en un humilde pueblo en el interior de Ecuador, Ricaurte.

Mi estancia en el CEENCAR fue increíble, sin duda la mejor experiencia que he tenido nunca. Fui con unas expectativas, con ideas de actividades para hacer con los niños de la escuela, con muchas ganas, pero también con respeto porque era un lugar nuevo y familias con vidas completamente distintas a las de mi alrededor en Zaragoza. Estas expectativas o proyectos que tenía en mente desde el primer día pasaron a un segundo plano, y tanto mi compañero Iván como yo, comenzamos los primeros días conociendo a los chavales y niños del pueblo, viendo cómo se trabajaba en las aulas, estando con las familias de los alumnos y pasando ratos con las profesoras. Un par de días de visualización y de empezar a conocer dónde íbamos a estar las próximas 7 semanas nos bastaron para empezar a proponer nuestros proyectos a la directora y profesoras del centro.

Vimos que era un colegio muy pequeño pero que convivían en las aulas alumnos muy diversos por edad, por el tipo de discapacidad o por la conducta, y por ello en la escuela intentaban continuamente realizar actividades dinámicas y grupales. Nos juntábamos todas las aulas y hacíamos actividades como bailes, estiramientos, canciones o simplemente compartíamos ratos en los que cada niño podía hablarnos a todos sobre su familia o lo que quería hacer cuando fuera mayor.

Iván y yo todos los días nos encargábamos de dar las clases de educación física a todas las aulas, y antes de entrar a clase preparábamos juegos o bailes, junto a nuestras compañeras de Canadá, para todos los alumnos de la escuela. Por las tardes organizábamos actividades deportivas para los chavales de la escuela o hacíamos sesiones de piscina y rehabilitación para algún alumno.

Fue un placer el poder escuchar, conocer, reír y convivir con tanta gente en Ricaurte. En todo momento estuvimos muy agradecidos a todas las familias por acogernos de una manera tan increíble, invitándonos a pasar tiempo con ellos, a cocinar, a comer, a hacer excursiones… Quizás, estos momentos son los que más recuerdo, los ratos de compartir nuestras recetas con las suyas y hacer cenas con comidas españolas-ecuatorianas.

Pero sin duda, el poder pasar estas semanas con Ronny, Joao y Henry, tres hermanos con el síndrome de Leysh-Nihan, y su familia fue algo de lo que estamos y estaremos enormemente agradecidos. Nos abrieron las puertas de su casa y cada tarde que pasábamos con ellos, cada cena, cada momento de piscina, era un momento de aprendizaje, de unión y de felicidad.

De esta forma estuvimos viviendo, disfrutando, aprendiendo y compartiendo durante las siete semanas. Hicimos grandes amigos, que esperamos ver pronto, que nos enseñaron lo importante que es el apoyo de la familia, ser humilde, sencillo y alegre.