Isabel Hernández

Isabel Hernández

En mi tercer día en Ecuador, ya sabía que había encontrado mi lugar en el mundo. Ese lugar en el que te sientes totalmente plena con lo que haces, con tu trabajo, con las relaciones personales que creas, con la reciprocidad de tus actos. Quizás no tenga tanto que ver con un lugar geográfico exacto, sino ese espacio que crean las personas que te rodean. No podría contar mi experiencia en Lago Agrio, junto con la Federación de Mujeres de Sucumbíos, si no empezara así mi relato.

A pesar de la información previa que tenía del trabajo que realizaba la Federación y el lugar al que iba a ir, las sorpresas fueron constantes cada día. Especialmente gracias a Zoila, mi mentora durante el voluntariado. Aprendí a que, con el recurso más pequeño e insignificante, puedes lograr grandes cambios en las personas. Sólo se necesitan ganas por intentar hacer la vida de aquellos que nos necesitan mejor y no darnos por vencidos, si no obtenemos los resultados de forma inmediata.

Este último punto fue, quizás, uno de los más difíciles para mí. Tú vas con ganas de ayudar, de intentar cambiar el mundo de un modo utópico, sin darte cuenta de que lo que tienes en la cabeza, no se corresponde con la realidad. El choque cultural es muy evidente cuando llegas allá, y cosas que para mí parecían obvias y necesarias, para ellos no eran así.

Debes adaptarte a su modo de vida, a sus necesidades reales e inmediatas, a su modo de ver el mundo… sólo así, podrás conseguir realmente ayudarles a vivir mejor. Una persona que no tiene dinero para comer, no le preocupa no ir a la escuela. Una persona que no tiene recursos para ir al colegio, no aspira a ser astronauta, médico, artista… Una persona que es maltratada, abusada sexualmente y despreciada, no aspira a encontrar el amor de su vida.

Al escuchar las historias que habían sufrido las chicas y niños acogidos en la Casa Amiga de la Federación, te dan ganas de gritar, de hacer una revolución, una búsqueda y captura de todos aquellos que hicieron tanto mal… pero de nuevo, debes ser consciente de que no todo es como quisieras. Escucharlas, abrazarlas, darles cariño, sentir como lo reciben, como llegan a apreciarte, como has mejorado, aunque sea un poco, sus días mientras estabas ahí…

Uno de esos días en los que la frustración de no poder hacer más me alcanzó, una amiga me dijo, ¨Mi Isa, empieza por cambios pequeños a tu alrededor. Si consigues cambiar, aunque sea un poco, a aquellos que te rodean, ya habrás conseguido un gran cambio en el mundo. Aunque tú ahora no lo veas, es el único modo de conseguir una evolución en nuestro trabajo¨.

¨Mi Isa¨… cuanto echo en falta oír esas palabras, a todos ellos, a su cariño, a su naturaleza, a su sencillez, a sus palabras, a sus risas, a sus paisajes salvajes… Cada una de las personas que se cruzaron en mi camino, hicieron que hoy no sea igual.

Cuando llegué a Ecuador tenía tantas ganas de descubrir mundo, que decidí utilizar mi última semana allí para viajar por el país. Pero cuando llegó ese momento, fui incapaz. No podía concebir el estar en Ecuador sin mi familia, esa familia que había creado, esas personas que me alegraban cada mañana y que no iba a poder ver durante mucho tiempo.

Al llegar a España, mi vida había cambiado. Yo había cambiado. Muchas personas te preguntan acerca de la experiencia, y tú eres incapaz de contar realmente todo lo que viviste allí. No llegan a entender cómo te sientes y tú no tienes fuerzas para intentar explicarlo. Gracias a María, Esther, Carolina y María, quienes comparten la misma vivencia, pude, después de casi dos meses, sentirme comprendida. Por ello, gracias una vez más chicas.

¿Y ahora? ¿Qué hago ahora? ¿Cómo puedo ayudar? Fui incapaz de seguir adelante sin intentar, aunque fuera desde España, ayudar a la Federación de Mujeres. Cómo, después de haber vivido con ellas y saber tantas cosas… A través de mi trabajo como profesora en una academia de baile, organizo actos benéficos para recaudar fondos que poder enviar allá.

Pequeños cambios, grandes esfuerzos, infinitas ganas… Todo ello se lo debo a ellas, a lo que me han enseñado, a como han logrado hacerme ver lo que realmente importa. Mi corazón está con todas ellas, y pronto volveremos a reencontrarnos.