Esther Montañés

Esther Montañés

Hacía mucho tiempo que quería vivir una experiencia como voluntaria internacional. Mi vivencia ha sido muy corta, solamente he estado cinco semanas conviviendo con las mujeres de Sucumbíos (situado en la selva ecuatoriana), pero ha sido sin duda una de las mejores experiencias de mi vida y una de las situaciones que más me ha enriquecido a nivel personal.

Con el mensaje principal con el que yo he vuelto a España tras esta experiencia, es con un mensaje de agradecimiento, agradecimiento por tener la oportunidad de conocer y disfrutar de toda esta gente, entorno, situaciones… y agradecida también de la familia y el tejido social que aquí tengo. Nunca había valorado tanto lo afortunada que soy en estos aspectos de mi vida hasta que he conocido otras realidades, las situaciones a las que tienen que enfrentarse estas heroínas, te hace cambiar tu prisma en muchos aspectos.

Ecuador me ha enseñado de una forma muy gráfica otro modo de vivir, favoreciendo más el bienestar de tod@s lo que allí convivíamos, que el nuestro propio, y eso fue una sensación preciosa.

Mis tareas a desarrollar allí fueron varias, trabajé desde el área de fortalecimiento  organizativo, impartiendo talleres de formación, en el que trabajábamos la concienciación e importancia de la higiene y la importancia del cuidado personal. Trabajé también desde la zona de erradicación de la violencia de género, en la “Casa Amiga”. Allí compartí mucho tiempo con las mujeres y sus hij@s que estaban internos, con ellos realizábamos diferentes tareas, todo muy dinámico, dejándonos llevar por el momento, la espontaneidad y las necesidades del momento.

De estos momentos, que surgían de una forma muy natural, aprendí muchísimo, porque de un modo muy relajado nacían conversaciones muy dolorosas, lloros, risas, juegos… en los que cada día era distinto al anterior, pero que no dejaban de sorprenderme y enseñarme.

Desde el momento número uno me sentí como en mi casa, las compañer@s que estaban trabajando allí me acogieron con mucho cariño, las mamás me dieron la oportunidad de conocerlas desde el primer momento y poder interactuar con ellas y compartir nuestras vidas, y por supuesto, los niños me lo dieron todo, siempre recordaré esos abrazos, nunca había sentido antes un abrazo con esa intensidad.

Otro mensaje con el que me quedo tras la experiencia es que cualquier momento y cualquier lugar por duro que pueda llegar a ser tiene su encanto, y que muchas cosas no las entendía porque no tenían nada que ver con la educación que yo he recibido y con la forma que yo tengo de ver la vida, pero que todo se puede llegar a entender y disfrutar.

Sólo puedo decir gracias, gracias y gracias a Huauquipura, por darme la oportunidad de vivir esta experiencia y no solo por darme la oportunidad, sino por la forma que habéis tenido de dármela.