Carlos Romeo

Carlos Romeo

¡Hola! Me llamo Carlos y gracias a las prácticas del Máster en Cooperación para el Desarrollo y al convenio con Huauquipura, he tenido la suerte de poder participar y, sobre todo, de disfrutar este verano durante 5 semanas, del proyecto de producción agropecuaria, empoderamiento de las mujeres y mejora de la salud que Huauquipura desarrolla en la región de Podor, en Senegal, junto con su contraparte local la UAPP (Unión de agricultores y productores de Podor).

Es difícil resumir en unas pocas líneas una experiencia tan enriquecedora y mucho más difícil todavía intentar transmitir unas sensaciones y vivencias tan intensas, pero voy a intentar contar un poco sobre mi participación en este proyecto.

La hospitalidad de nuestra familia de acogida fue indescriptible, ofreciéndonos todo lo que tenían y dándonos todo su cariño, especialmente Batour, la pequeña de la casa, una niñita de 6 años llena de vitalidad y alegría, y de su madre Shikake, quien hablaba muy bien francés, y no tuvimos ningún problema en nuestra comunicación ni en la rápida adaptación a nuestra nueva familia. Aunque en Senegal se habla francés, el idioma más hablado en esta zona rural es el Poular, lo que hacía que en muchas ocasiones, tuviéramos que ingeniárnoslas para entendernos con la población local, lo que lejos de echarnos para atrás se convertía en un divertido reto.

También nos ayudó muchísimo y nos dio todo su cariño y amistad Malick, representante del equipo de la UAPP que nos ayudó en todo lo que podía, mostrándonos el trabajo que desarrollan y sirviéndonos de apoyo en todo momento.

Confieso que personalmente no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar en Senegal, ni cuál iba a ser mi labor durante esas semanas, pero conociendo al fenomenal equipo humano de Huauquipura y el gran trabajo que desarrollan, estaba muy tranquilo y seguro, como así fue, de que sólo podría encontrarme una experiencia positiva y provechosa. Aunque mi formación, lejana al tema agropecuario, y mi falta de experiencia en participación en proyectos de voluntariado, generaban mis dudas acerca de cuál iba a ser mi rol allí, no tardé en darme cuenta de que lo más importante no era lo poco que yo podía ofrecer, sino más bien, todo el aprendizaje personal y sobre todo el cariño que iba a llevarme de vuelta a casa.

Aunque quizás esto sea lo de menos, pude ayudar a transmitir algunos conocimientos básicos de ofimática a dos miembros del equipo local, Malick y Sally, que tiene la UAPP en el terreno, y tuve la oportunidad de acompañarlos en muchas ocasiones a los campos y aldeas, ayudándoles en todo lo que podía y siendo testigo de cómo la vida de las mujeres y las familias de la asociación ha mejorado gracias a estos proyectos. Si hay algún indicativo de este éxito, es la alegría con la que mujeres y niños nos recibían, cantando y bailando, cada vez que visitábamos alguna aldea.

El medio de transporte más común utilizados en esa zona, y en general en todas las zonas rurales de Senegal, es una carreta tirada por un caballo que nos llevaba por los caminos de tierra que conectan las poblaciones. Otro medio de transporte todavía más impactante y divertido era la barcaza que conectaba las dos orillas del río, unidas por una cuerda que era tirada por los propios pasajeros. En esa barcaza subían tanto los pasajeros como la carga, pero no los caballos que tenían que cruzar el rio nadando junto a la misma barcaza.

Entre las diferentes actividades que vimos y participamos en el terreno están las visitas a las diferentes huertas donde pudimos presenciar el funcionamiento de las bombas de agua donadas por Huauquipura, las jornadas de formación y capacitación para las mujeres de la asociación, o la visita a los gallineros y la jornada de vacunación y desparasitación de los gallos y de las gallinas de las aldeas que visitábamos. Pero una de las acciones realizadas que más impacto me causó, fue la dedicada a combatir la malnutrición de los niños del poblado de Thiangaye Solaire. En este poblado, tras un recibimiento con auténtica alegría, pasamos al pesaje de los niños para ver cómo habían evolucionado desde que se puso en marcha el proyecto de alimentación mediante un preparado especial, tipo papilla, con leche en polvo y diferentes harinas de cereales, que más tarde tomarían no solo los niños, sino también las madres y todos los que estábamos allí presentes.

La visión que he tenido del proyecto desde mi punto de vista, un simple cooperante, es que es una experiencia que merece la pena vivir y que sin duda os enganchará desde el primer minuto. Si os lo estáis pensando, animaros, ¡no lo dudéis!